martes, 3 de febrero de 2026

DE LA BENEMERITA UNACH




Comparto un extracto de mi intervención en la ceremonia protocolaria del 350 Aniversario de la Universidad hermana de San Carlos de Guatemala, institución con quien nos une historia, tradición y perspectiva. Muy agradecidos con la maravillosa recepción a la delegación de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas, integrada por las y los directores de las distintas unidades académicas del soconusco.
“Estimado Rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, distinguidas autoridades de la Universidad, queridos estudiantes, profesores, egresados y amigos presentes en esta conmemoración tan significativa: Es un honor profundo y un privilegio emocional dirigirme a ustedes en mi calidad de rector de la Universidad Autónoma de Chiapas, en este evento que celebra los 350 años de vida de su gloriosa Universidad…
Permítanme comenzar recordando los orígenes humildes pero visionarios de esta casa de estudios, nacida el 31 de enero de 1676, por Real Cédula del rey Carlos II de España, como la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo. Fue la cuarta universidad fundada en América y la primera en Centroamérica, un sueño gestado desde 1548 por el obispo Francisco Marroquín, quien vislumbró la necesidad de un centro superior de educación en estas tierras. Inició sus labores en 1681, en la Antigua Guatemala, con cátedras en teología, leyes, medicina y lenguas indígenas, forjando un legado que trasciende fronteras y épocas.
La importancia de la USAC en nuestra región es incalculable. Durante siglos, ha sido el epicentro intelectual de Centroamérica, impulsando el desarrollo científico, cultural y social. Pero su influencia no se detiene en las fronteras actuales: recordemos que Chiapas, lugar donde se encuentra la universidad que represento, formó parte de la capitanía de Guatemala hasta 1823, cuando, tras la independencia absoluta firmada en el Salón Mayor de esta misma universidad, optamos por unirnos a México. En aquellos tiempos, la USAC nutrió la mente de pensadores chiapanecos, formando profesionales que llevaron el fuego del conocimiento a nuestras tierras, como don Mariano Robles Domínguez, quién fue nuestro representante en las Cortez de Cádiz…


Hoy, la frontera México-Guatemala no es una línea divisoria, sino un lazo de hermandad que fomenta el intercambio académico, la investigación conjunta y el diálogo cultural. Para la Benemérita UNACH, la USAC ha sido, y sigue siendo, un pilar para la integración binacional, recordándonos que nuestras raíces mayas y coloniales nos unen más de lo que nos separan. Su legado histórico ha sido de gran trascendencia. Es la universidad que ha formado a líderes que cambiaron el curso de la historia: pensemos en José Cecilio del Valle, el “Sabio del Valle”, prócer de la independencia centroamericana; o en Miguel Ángel Asturias, egresado de sus aulas, quien con su pluma mágica ganó el Premio Nobel de Literatura en 1967, inmortalizando las voces indígenas y las luchas sociales en obras como “Hombres de Maíz”, y a quien rendimos homenaje en la pasada FIL-UNACH 2025…


En Chiapas, miramos a la USAC con admiración profunda, como un espejo de nuestra propia lucha por la educación inclusiva y transformadora. Juntos, hemos forjado alianzas que trascienden lo académico. Programas como “Quetzal”, que promueven un espacio común de educación superior entre Chiapas y Centroamérica, son prueba de que nuestra hermandad es viva y fructífera. Nos brinda un acceso directo a un ecosistema único: una región rica en biodiversidad, diversidad cultural indígena, flujos migratorios, desafíos ambientales y oportunidades económicas transfronterizas. Esto se traduce en un valor agregado directo para nuestros programas académicos, investigación y vinculación. Un espacio binacional donde convergen culturas mayas, ecosistemas interconectados y dinámicas socioeconómicas entrelazadas. Territorio compartido que nos une en retos comunes, como la migración, el cambio climático y el desarrollo económico sostenible. El corredor universitario “Quetzal”, nos posicionará como un “hub” académico regional, generando ventajas competitivas. Es una oportunidad para que nuestras universidades no solo sobrevivan, sino lideren en un mundo interconectado…




Por todo ello, permítanme extender mis más sinceras felicitaciones a la comunidad universitaria de la USAC. A sus estudiantes, motores de cambio; a sus profesores, guardianes del saber; a sus egresados, embajadores del legado; y a sus autoridades, visionarios del futuro. ¡Felicidades por estos 350 años de excelencia y transformación!
Que esta conmemoración nos inspire a fortalecer nuestros lazos, a soñar con un futuro donde el conocimiento no conozca fronteras, y a honrar el pasado construyendo un mañana más justo para nuestras naciones hermanas.
¡Viva la Universidad de San Carlos de Guatemala! ¡Viva la hermandad USAC-UNACH! ¡la hermandad México-Guatemala! ¡Viva la educación que une pueblos!”




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