sábado, 10 de diciembre de 2016

LAS COLUMNAS



LAS COLUMNAS

Tubo de ensayo
René Delios
No debe ser fácil ser alcalde en tiempos de inanición presupuestal.
Los rezagos como las demandas se acumulan en el ánimo popular y desde luego, existiendo espacios de reclamo en dónde manifestarlo de manera inmediata, pues se desarrolla una mega crítica que se evidencia hoy ante todos los gobiernos en las redes sociales.
Es por eso que la popularidad de los gobiernos no es tan buena, como sucede en la capital del estado, en que la última es el enorme problema del ambulantaje, que al parecer queda en el ámbito de los comerciantes del centro de Tuxtla Gutiérrez, pero que al bloquear calles, pasa a formar parte también del transporte y automovilistas y nos comprende a todos.
Y es que un conflicto genera o impacta en otros intereses, que de pronto explotan.
Y ciertamente ¿Por qué hay tanto ambulantaje?
Lo más que generan es derecho de piso, y lo cobra el ayuntamiento, desde luego, porque al ser irregular no pagan impuestos y surge la pregunta inmediata ¿De dónde viene esa mercancía?
Entonces el asunto ya entra a otros ámbitos de averiguación pues, evaden el fisco, y eso no lo puede hacer el comercio formal, pues sería víctima de sanciones y de acuerdo a la gravedad, hasta cárcel.
La otra pregunta que surge es si esos vendedores ambulantes de todo, son los dueños de la mercancía que expenden o, alguien se las proporciona. Esto porque hay puestos que a simple vista presentan una buena cantidad de dinero en mercancía a la venta, en una cobertura y dimensión de ocupación del área del centro que envía a la siguiente ¿Y a dónde la guardan en la noche?
Tiene que ser cerca, en alguna bodega ¿Y es la misma?
Si lo es, pues hay un distribuidor que es el que en volumen se lleva las ganancias integras, sin pagar impuestos y comprometiendo a éstas gentes en caso de una redada legal que puede ser incluso federal.
Empezamos esta entrega hablando de la obligación del alcalde en remediar esto del ambulantaje, y hasta dónde se disparó el asunto simple como prueba de que una cosa irregular conlleva a otras, en esto que desde luego es tan evidente que no deja más que pensar mal, pues alguien o algunos son tolerados en éste caso, como sucede igual con las cantinas clandestinas -de siempre- en Tuxtla, por decenas por todos lados, y que los más conocemos, y al parecer solo es del desconocimiento de los inspectores de verificaciones y clausuras, o en la misma frecuencia de seguir pensar mal de ellos, los del ayuntamiento: son parte del hecho y obvio, del beneficio.



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